
Consiste en la abstención rigurosa de comida, bebida y otras satisfacciones sexuales durante las horas de luz diurna.
Esta práctica, que siempre formó parte de la enseñanza divina («Se os ha prescrito el ayuno como fue prescrito a quienes os precedieron ... », 2:183), tiene enormes beneficios para el alma y el cuerpo.
Educa al hombre en la paciencia y el sacrificio, equipara a ricos y pobres en el hambre y la sed y, sobre todo, apartando al alma de sus apetencias cotidianas y automáticas, la hace volverse hacia lo sublime y la vuelve humilde y agradecida.

Además de la abstinencia de estas necesidades ordinarias y lícitas, los musulmanes también se esfuerzan en incrementar sus actividades devocionales durante este mes sagrado.
Junto a las cinco oraciones diarias habituales, se realiza una oración adicional llamada tarawih, que es realizada únicamente en Ramadán, de formaindividual o colectiva cada noche. Fue también una sunnah (práctica del profeta) el recitar el Corán completo durante este mes, y muchos musulmanes de hoy en día siguen esta tradición.

Los últimos diez días y noches de Ramadán son un periodo de una devoción particularmente intensa debido al hecho que entre una de tales noches se produce
la conmemoración de la Noche del Destino (Lailat al-Qadr), en la que se produjo la primera revelación del Sagrado Corán al Profeta Muhammad (Paz y bendiciones de Allah sean con él).
Dar ayudas económicas a quienes tienen necesidad es otra de las obligaciones del ayunante, como también lo son el refrenar
la lengua y el ejercitar el autocontrol.

El ayuno hace así al musulmán disciplinado y tenaz. Le enseña a ser flexible y adaptable en sus hábitos, a ser capaz de soportar las dificultades y a saber apreciar los dones que Allah le otorga y de los que disfruta normalmente.
El ayuno capacita también al musulmán para sentir la experiencia diaria que sufre el indigente y a ser, de esta forma, activo en su compasión y ayuda hacia él.
Mientras un ayuno tal puede parecer difícil aquellos que no están acostumbrados a hacerlo, en la práctica es no sólo tolerable sino incluso fácil para la mayoría de los que lo realizan.
Cabe decir además que sólo aquellas personas que han llegado a la pubertad y que son capacitados deben ayunar; los niños, los ancianoss, los enfermos, la mujer en el periodo de la menstruación, la mujer embarazada y los viajeros entre otros, no están obligados a realizarlo.

El mes de Ramadán finaliza con la fiesta del Aid el-Fitr, la fiesta de la Ruptura del Ayuno, que es una de las fiestas más importantes del calendario islámico.
En esta fiesta, que dura tres días, los musulmanes empiezan el día bañándose y vistiéndose con la mejor ropa. Después acuden a la mezquita para la oración y las personas suele desbordar el recinto sagrado y se extiende por el exterior. Ingieren un primer alimento durante el día y celebran la superación de la prueba del ayuno de una forma acolectiva.
Después de las oraciones, la gente se intercambia regalos y visita a los parientes y amigos. También están obligados a dar limosna a los pobres. A lo largo del día los musulmanes han de reflexionar sobre el significado del Islam e intentar elimar las diferencias con la familia y los amigos, para poder empezar una nueva vida bajo el signo de la paz y la reconciliación.